La conquista de México ¿Quién debe disculparse?

En las últimas semanas se ha desatado una intensa discusión en México y España, debido a la noticia que nos dio el propio Andrés Manuel López Obrador, presidente de México, sobre una carta que él envió al Rey de España, Felipe VI, y al Papa, en donde los insta a pedir disculpas por parte de la Corona Española y el Vaticano, por los excesos cometidos por los españoles que invadieron el territorio actual de México en contra de los pueblos indígenas originarios.

Es necesario acotar que hablar de la “Conquista de México” es algo impreciso y cargado de pasiones, porque, en primer lugar, México no existía como país, sino que era un conjunto de civilizaciones diversas, dominadas mayormente por el Imperio Azteca, que controló por la fuerza de las armas y la política a pueblos aledaños. Y los españoles eran realmente súbditos de la Corona de Castilla y Aragón, por eso hablaban castellano, el español que hablamos ahora. Tampoco existía la España moderna. Las pasiones tienden a desbordarse cuando se habla de “La Conquista”, defendiendo más con los sentimientos que con los hechos históricos, a las civilizaciones prehispánicas o a los españoles; aunque a pesar de esto, en México este episodio de “La Conquista” es una herida que va cicatrizando con los siglos.

Es verdad que ese episodio de la historia fue un momento sangriento, cargado de violencia y abusos de todo tipo: físico, ideológico y religioso. Es verdad también que se destruyó toda una civilización muy avanzada en diversos campos, y como parte de la conquista se sepultó la mayor parte de su legado. Pero también es cierto que, a partir de ese parto sangriento y violento, nace una nueva cultura y una nueva raza: la mestiza; y aún más: el México moderno.

Para constatarlo actualmente solo es necesario pararse en medio de cualquier calle de alguna ciudad o algún pueblo de México, y ver a la gente, su forma de ser y de pensar, sus símbolos, su humor, su visión de la vida. Ver por ejemplo a la Virgen de Guadalupe en los lugares menos esperados; el cual es el símbolo religioso más importante de nuestro país y a quien le van a rendir culto millones de peregrinos cada año a la Basílica de Guadalupe en la Ciudad de México. La Virgen de Guadalupe es también uno de los símbolos más evidentes del mestizaje, nacida de la Virgen María y de la diosa Tonantzin.

Podemos entrar a un restaurante y probar un “mole”, una de las comidas típicas de México. Para quien no sepa, el mole es una salsa que se sirve normalmente con pollo o guajolote (palabra indígena para el pavo), y es sobre todo el ejemplo perfecto de la fusión de ingredientes y sabores de Europa, América y Asia, hecho con chiles y chocolate, pimienta y diversas especias, jitomates, pollo y pan entre muchos más ingredientes.

¡Hablamos español! Pero más terso y suave, como las lenguas indígenas. De hecho, en México somos el grupo de habla hispana más numeroso del mundo, ni en España hay tantos hablantes del español como en México; y con ese español que evoluciona todos los días y que no para de inventar nuevos vocablos incluyendo préstamos de otras lenguas: muchas veces en México nos despedimos con un: “Ciao”. Ahora el inglés es el idioma que más nos influye, sobre todo por tantos mexicanos que ahora están en los Estados Unidos y que esparcen el “espanglish” en nuestro país: “Voy a aplicar para la universidad” (I’m going to apply to the university”), en lugar de decir correctamente: “Voy a inscribirme en la universidad”.

Las celebraciones tradicionales tienen una carga hispano indígena muy intensa ¿En donde comienza lo católico español y en dónde termina lo indígena en la celebración del Día de los muertos? Es difícil saberlo. Lo mismo con la Semana Santa, las posadas, y muchas celebraciones que son católicas, pero con fuerte carga indígena.

A pesar de que los mestizos somos mayoría y desde ahí se define lo que es mexicano, hay más o menos dos millones de indígenas en México de más de 60 etnias. Ellos son normalmente pobres y marginados, además discriminados; pero no discriminados por los conquistadores españoles peninsulares, sino por la mayoría mestiza que los considera, la mayor parte de las veces sin decirlo abiertamente, inferiores. ¡Eres un indio! Es un insulto grave. Los indígenas nos gustan en los museos, pero no en nuestra vida diaria.  

Si hay que pedir disculpas y enmendar la situación de los indígenas, es mucho más importante que esas disculpas y remedios partan de nosotros, los mestizos, quienes no aceptamos en nuestra a mesa a un indígena puro, y además seguimos apropiándonos de sus bienes, cuando así nos conviene. Las disculpas de la Corona Española y el Papa podrían ser bienvenidas, pero los mexicanos mestizos tenemos una tarea más importante con nuestros compatriotas indígenas.